Santa María de Jesús Crucificado (Mariam) Baouardy, carmelita

“Pon tu atención en el santo del día, pues en el Cielo hay fiesta por él. Hay gracias que se dan en ese día… si se le piden. Únete a las fiestas del Cielo… mientras llegas allá”

26 de agosto – Santa María de Jesús Crucificado (Mariam) Baouardy, virgen de la Orden de las Carmelitas Descalzas, que, colmada de carismas místicos, unió la vida contemplativa con una singular caridad († 1878).

Visita de las almas del Purgatorio a Mariam de Belén “la pequeña árabe “

Las propias almas “vienen a visitarla”, como dirá con su lenguaje sencillo. Las almas bienaventuradas del cielo, así como las almas almas del Purgatorio, vienen a verla y se abren a ella con una gran familiaridad.

No olvidemos que Mariam vio el purgatorio, y que ahí, recibió una gran luz por parte de Dios. Y esa luz no es solo un conocimiento en sí o una especie de información que tiene que recordar. No. Se trata de una luz transformante. Toda luz que viene de Dios transforma el corazón. Viendo esas almas que tanto sufren en el purgatorio, Mariam siente una inmensa compasión. Siente verdadero afecto por ella. Y, con esre impulso del corazón, arde con un intenso deseo de ayudar a esas almas que tanto sufren. ¡No es de extrañar, por tanto, que tantas almas del purgatorio vengan a visitarla, contentas de encontrar a alguien que quiere ayudarlas!

El padre de una religiosa que más tarde ingresaría a en su comunidad del Carmelo murió como un ateo. Rechazó hasta el último momento los sacramentos y la ayuda de la Iglesia. Y, aunque socialmente sabía resultar agradable, su vida no brilló demasiado. La hermana carmelita tenía verdadera angustia pensando en el destino de su padre. Pero no sabía qye su padre fallecido había ido a visitar a Mariam para pedirle que rezara por él, pues sufría en el purgatorio. le explicó a Mariam que, a pesar de su rechazo categórico de los sacramentos hasta el final de su vida, en el último momento, después de la muerte clínica vió una luz. Y gracias a esa luz se arrepintió y se salvó del infierno.

Mariam explicó que nunca se puede conjeturar el destino final de un alma, pues solo Dios ve en lo profundo de los corazones en el momento de la muerte. En ese momeno, Dios da una sobreabundancia de gracias para que el alma se convierta y se vuelva hacia Ël, para que elija la luz, definitivamente. ¡En ese momento, más que nunca hay que interceder por las almas!

Ese hombre le explicó a Mariam que estaba en el purgatorio y que se salvó gracias a ese momento de arrepentimiento. Pero, como sufría en el purgatorio, venía a pedir oraciones. Mariam le contó esto a la hermana Elías, la hija de aquel hombre. Y la hermana Elías exclamó: es increíble estÁ historia. te lo agradezco, pero si esto viene realmente del Señor, dime el nombre de mi padre. Mariam le contestó: “se llama Reuch “. Efectivamente, ese era el nombre del padre de la hermana Elías, que nadie conocía. Y, así tuvo el Carmelo de que mariam había sido visitada por ese hombre que se encontraba en el purgatorio. Como él lo había pedido, se celebraron varias misas por él y se recitaron novenas. Y al final de esas misas y novenas, vino de nuevo a visitar a Mariam para decirle: “Ya está, ya he entrado en el cielo “.

A través de la oración podemos acelerar la liberación para aquellos que nos han precedido basta por ejemplo, con que uno de nosotros ofrezcamos una comunión, o una hora de adoración ante el Santísimo Sacramento o mande celebrar una misa para que un alma del Purgatorio sea liberada. Vidka Ivankvic, la vidente de Medjugorje que vio el Purgatorio me decía : “Sor Emmanuel, si vieras una sola de esas almas que sufren, no dejarías ni un solo día de rezar por ellas ! ¡Desearías vaciar el Purgatorio!

San Juan de la Cruz nos dice que sei aceptamos todas las ocasiones que Dios nos da para purificarnos en la tierra, las pruebas incluso las penitencias que nos inspira, si las acogemos con gratitud (y no con amargura) y se las ofrecemos al Señor, podemos estar seguros de ir directamente al Cielo ! Estas pruebas ofrecidas sustituyen el Purgatorio Dios da a cada alma suficientes gracias para que pueda ir directamente al cielo.

María de Jesús Crucificado Carmelita descalza 1846-1878
Sor Emanuel Maillard, del libro Mariam de Belén, “la pequeña Árabe”

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